Aquella aterradora carta blanca

 

Era el permiso de Salida que se otorgaba por parte de las oficinas de emigración en Cuba. De este documento hay muchísimas historias. ¡La Carta Blanca se las traía!

Le decían Carta Blanca porque permitía que la gente saliera de la isla y cruzara el charco. Ese documento le causó dolores de cabeza a unos cuantos. Los corre corre que se hacían para ir de viaje se complicaban al final con la solicitud de la dichosa carta… y claro, era el si o el no que recibías, así que por la aceptación del permiso de salida se hicieron millones de rezos y se encendieron millones de velas.

El trámite que nadie quiere recordar

La salida típica en Cuba se conseguía por medio de la carta de invitación, con la cual se solicitaba la visa en la embajada del país de destino. Algunas veces había que llevar pre-reserva de avión, y a veces hasta se exigían los boletos comprados ¡Ay mamá que susto!

Cuando ya estaba la visa, entonces había que ir como oveja pal matadero e la oficina de emigración.

Allí se presentaban los documentos exigidos, por lo general revisaban la carta de invitación otra vez, los boletos y la visa.

Había un tranque a veces que parecía de película, porque sucede que algunas embajadas, que no se ponían de acuerdo con Cuba, pedía el permiso de salida… y los de emigración pedían la visa, entonces ni uno, ni el otro ¡Alabao que jodedera caballero!

Una pile de gente perdió viajes por esta confusión, pues los de emigración decían que ellos emitían la Carta Blanca al final de todos los trámites, y por su lado la embajada decía que no otorgaba visa si el país no daba el permiso de salida… en fin, el mar.

SI, puede salir, tome la Carta Blanca

Eso era como un premio. La gente miraba el documento y suspiraba profundo. Los trámites no eran en vano cuando el permiso era favorable.

¿Y si se perdía el papel? Bueno, estaba el permiso en el sistema, aunque varias personas que tuvieron esta desagradable situación por poco mueren.

La Carta Blanca, cuando no daba el impedimento de salida, otorgaba un alivio al cubano viajante que había invertido dinero, trámites y nervios en luchar su viajecito pa’ afuera.

Hubo experiencias amargas de amigos o familias en los que unos si podían salir con su Carta Blanca bajo el brazo, y otros no tenían la misma suerte… eso daba una pena y una impotencia tremenda.

NO, váyase a su casa, no puedes salir

Esa posibilidad de negativa era el cucu de todos los que tenían esperanzas de cruzar el charco. No recibir el permiso de salida significaba que se rompieran todos los sueños y las esperanzas posibles.

Hubo mucha gente a la que no se le permitió salir por la suposición de que se quedarían fuera, más tratándose de obvias reunificaciones familiares. Que la Carta Blanca no se fuera contigo, significaba también una pérdida considerable de dinero gastado en documentaciones y en algunos casos ¡en pasaje tu niño, en pasaje perdido!

¿Y los impresicindibles, los militares y militantes?

Esa era otra rebambaramba que se formaba cuando caías en uno de estos tres conceptos y por ello no podías salir, no debías o se te hacía un tormento. La carta Blanca para que se la dieran a los imprescindibles tenían que presentar el permiso (otro más) de su jefe inmediato o del mismísimo Ministro que le correspondía.

La militancia política la tenía difícil, pero no imposible… los militares si estaban embarcados.

Pero llegó el día que se eliminó la Carta Blanca y aquellos corre corre con mucho de desespero y de pesadilla quedaron en el pasado.

Ahora el problema es la Carta Azul, la de entrada, que no se llama así y no existe pero como somos cubanos siempre estamos fantaseando con la realidad… pero bueno, eso es permiso para otra historia de viaje y regreso.

 

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